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REINO VEGETAL

Nos contentaremos con levísimas indicaciones de aquellas plantas que a primera vista se presentaban, los señores Née y Haenke, participaron al público sus importantes herborizaciones.

Se hallan muchos de los "Cactus" propios de la América, el "octangularis", "Cactus Capitatus o Glabosos, Verbenas, Rasperas, conintrosas con flores muy elegantes de escarlata y otros colores, que las harían figurar en los jardines. Se ven los campos cubiertos de especie de "oxalis" con flores amarillas y encarnadas, algunas especiesde "Laurus", de "Ylex", de "Triplies, Naphalie Convolvulis e His Pomeas", muy diversosde sus congéneres europeos. También se hallan por los campos el "Cardus Marianus", las malvas y otras plantas comunes de Europa, en los arroyos, el "Hydro Cotile", también plantas "Liliáceas" muy lindas. Yen los árboles se observan plantas parasísticas de mérito singular, del género "epidendrum", que los naturales llaman Flor del Aire, porque no necesita de agua, ni otro beneficio, que están expuestas al aire. Varios árboles y hortalizas de Europa prevalecen en Montevideo como en su patria nativa. Los Duraznos propagaron tanto que forman bosques de ellos en tiempo de la fruta, los come el que quiere sin que le cueste nada.

El Cerro de Pan de Azúcar, que se halla entre Montevideo y Buenos Aires, Maldonado, podría pasar por un Jardín Botánico. Se ve desde el camino cubierto de Palmas y árboles diversos reconocidos, se encuentran entre muchos centenares de plantas y árboles reconocidos, el "Rhamnus Columbrinus", que se conoció con los siguientes: "Bucifolius", las especies de Mimosas, la "Tannesiana", las dorata, la incarnata, el "Rucus Androginus", el "Rhamnus Ciciphus", el "Rhododendrium", las Palmas, la "Phoenix" y la tilífera, la "Philinea angustí felia", la "Tillantia", la "Urnecci Uanecides", el "Amigdalus" communis, el "Bombas" Ceiba, el "Pnnica granatus", el "Spartium Junceum", el "Ficus Carica".

En las islas de San Grabiel y en otra  del Río de la Plata, y en Martín chico principalmente, entre muchos hermosos árboles abunda el Ombú o "Phitolaca Dioca", la "Lantana Comata", la "Involuncrata", el "Viburnum Lantana", la "Alisinia cordifolia", el "Ficus Indica", y algunas especies de plantas europeas, Flores de Pasión o Granadillas, se hallan varias especies por estos parajes.

Junto del arroyo de Colla se halló l a "bignonia Cuprelata", una nueva especie de "Vervenis" y el "Solanum Puercifolium".

Hallase enlas orilla del Río de la Plata, especialmente junto a la capital, el "Sisininchum Palmifolium", algunas verbenas particulares Irias y el "Ysopinum".

El infatigable y hábil botánicoDon Luis Née, recorrió la orilla norte del Río de la Plata y una pequeña parte de los alrededores de la capital, después de herborizar, aunque pocos días en cada paraje, recogió una flora que pasaría de setecientashasta mil especies de plantas, entre las cuáles a juicio mío, podrá haber una tercera parte de plantas poco conocidas y entre ellas muchas nuevas.

Debiendo hablar con preferencia de aquellos pueblos que visitamos personalmente y que examinamos con nuestros propios ojos.

MALDONADO es una pequeña villa situada en una llanura cubierta de pasto verde, con muchos terrenos húmedos y bañados, que se edificó con colonos de los mismos criollos de la Provincia. Consta de cien casas cubiertas de paja las más y muy pocas de tejas, y las paredes de todas constan o de adobe o de estacas. Cada casa tiene su huerto con frutales, calabazas y otras plantas trepadoras, de manera que a distancia forman un agradable paisaje; las casas forman calles rectas y con los huertos y corrales ocupan un área considerable.

El terreno de su jurisdicción es reducido, se extiende por la parte del Oeste hasta Pan de Azúcar, hacia los demás rumbos apenas llega por ninguno a una legua de distancia. Se limitan por otra parte dos dehesas del Rey, una en el Rincón de José Ignacio, sobre el Cabo de Santa María, y otra que se halla desde la barra de la Laguna hasta Pan de Azúcar. Todo él se compone dehesas que contienen pocos ganados y algunas tierras labrantías.

Dista la población media legua del mar y el interpuesto terreno se compone de médanos de arena, etc.

Ha sido recientemente erigida en villa con su competente número de regidores, etc. El jefe de Armas que hay actualmente, es un Capitán de Dragones destacado con su compañía, es su Gobernador; el vecindario elige sus alcaldes.

Tendrá doscientos vecinos, la mayor parte bastante pobres, carecen de frutos preciosos, de comercio y de industrias.

Su poco comercio consiste en corambres, en quesos y manteca, que venden a las embarcaciones y a Montevideo, y algún trigo que los que tienen carros propios llevan a aquella plaza, y los que no, venden a los pulperos por los géneros que le suministran. El mar pudiera proporcionarles ocupación y subsistencia, pues abunda de muchos y excelentes pescados y los lobos marinos los convidan en las islas desiertas de sus mares, con los ricos despojos de sus pieles, pero estos vecinos carecen de embarcaciones y se atienen a la pobre y tenue pesca de la caña.

Suelen ser sus regulares cosechas de trigo, de quince por uno, pero faltan brazos y extracción, aún cuando los hubiera.

Existen todavía en ésta villa varios de los colonos gallegos que se trajeron para el nuevo establecimiento de la costa patagónica y tiene aquí su residencia un Comisario de Marina.

Otro pueblo pequeño que se halla a distancia de dos leguas el Norte de Maldonado, que de lejos presenta no menos agradable vista. Las casas campean entre los huertos que las cercan, cubiertos siempre de verdura. Sus pobres habitadores son Portugueses; se dice desertaron del Río Grande, su comercio como el de Maldonado: aquí se hallan parte de los colonos gallegos y maragatos, que, como gente de país frío, se creyo más propia para poblar en las altas latitudes de la costa patagónica.

Las colonias se abandonaron por la esterilidad del país, que se presta poco a la vegetación del trigo y otras plantas necesarias; la subsistencia de estas gentes parecería muy costosa y poco correspondientes las utilidades del establecimiento. Los colonos repartidos en varios de estos pueblos, serán seiscientos a quiénes el Rey pasa para su subsistencia un real de plata diario.

Este pueblo, que hace años que se fundó, se llama Pueblo Nuevo y tiene doscientos vecinos. Su comandante suele ser un oficial subalterno o sargento que manda un corto destacamento de tropa que allí reside.

Se halla en los cerros de los montes más cercanos a Maldonado en los que llaman de Verdes y el Campanero, hermosas dunas de cristales o riscos como los que los nuestros llaman de cristales de roca; también en otros ( o acaso los mismos), hierro atraíble por el imán.

La vaca es la principal riqueza de éstas gentes, sus quesos, su leche y demás esquilmos proveen a sus principales necesidades y aunque pobres, distan mucho de la indigencia.

Las rentas del Rey pasan de tres mil pesos; las alcabalas, ganado y pesca de lobos marinos.

No habiendo población alguna desde Montevideo hacia el mar, sino tales cuales chacras de dos leguas y puestos de Dragones de dos a cuatro hombres, que sirven de postillones y maestros de postas, éste regimiento pues forma un cordón de cerca de ochenta a noventa leguas en los varios puestos que ocupa desde Martín chico hasta Maldonado, si no pueden defender, ocupan, atalayan y exploran el vasto terreno que yace a la orilla norte del Río de la Palta, y que se interpone con otras tierras despobladas, entre los establecimientos lejanos de los portugueses, que si hubiera abandono, intentarían o la usurpación o el contrabando; estos vecino que en muchas se han mostrado inquietos y emprendedores, obligan a la cautela.

Si al Este de Montevideo no se hallan poblaciones, no sucede así hacia el Oeste o N.N.O. En el espacio que media hasta la Colonia del Sacramento, se hallan nuevas poblaciones, todas , a la inmediación del arroyo que viene de un cordón de sierras que guarda algún paralelismo con el Río de la Plata; siguiendo su orilla hacia la Colonia, se encuentran los pueblos siguientes.

CANELON, SANTA LUCIA. Se ven unidas cuarenta casas cubiertas de paja.

SAN JOSE. Se ven sesenta casas de la misma fábrica, tiene nueve años de población; son sus colonos Castellanos viejos, Maragatos y Gallegos. Alrededor de éste y los otros pueblos hay sus sementeras de trigo de que subsisten y aún se enriquecerían si hubiera mayor industria y extracción de frutos. Esta colonia está clavada en una hacienda de Doña Gabriela Serisa, que tiene cien leguas de extensión según dicen. No sé porque oposición de intereses no les permite la propietaria que se extiendan. En efecto, se quejaban de su prohibición. El arroyo inmediato que abunda en arboleda los provee de la leña necesaria.

EL ROSARIO. Tenue población de solas dieciocho barracas; aquí reside un Capitán de Dragones: tiene a su cargo la principal caballada del Rey, que sirve al servicio de postas y correos y pasajeros que tren pasaporte; tienen bajo de sí alguna tropa y cincuenta peones para manejo del ganado. Esta sola caballada se componía de seiscientos caballos desmandados, que no están en su propia dehesa, ni con el hierro correspondiente. Se reputan por el Rey. Los llaman "reyunos" y los distinguen por un pico de oreja que les cortan.

Es lástima que estas colonias situadas en un país fertilísimo, tan apto para la producción de los frutos más necesarios a la vida humana en lugar de crecer en proporción de su antigüedad, menguan sensiblemente. Algunos colonos las abandonan y se establecen en los rancho de campo, donde se acostumbran a vivir de solo carne. Dan de mano al cultivo de la tierra y viven en una vida floja y licenciosa. El mal genio del país domina: el laborioso y trabajador gallego imita y se hace a las costumbres que ve y su hijo suele degenerar en un gauderio.

A vista de estas poblaciones tan pequeñas y de estos ranchos, se ofrecen algunas reflexiones que nacen inmediatamente de los objetos que deben instruirnos. Los grandes medios de la felicidad y multiplicación de los hombres, se multiplican en razón de los alimentos, comparan el linaje humano al ganado, cuyas cabezas se multiplican en razón de la cantidad de pasto para que mayor número de individuos se alimente, pero esto aplicado a los racionales no sucede a mi entender. Fuera de la región bonairense la mas poblada del globo si así fuera. Ninguna abunda tanto en carnes, apenas tiene precio, la cantidad con que se alimenta la más numerosa familia. La caza casi se coge con la mano y la pesca abunda, de modo que en Buenos Aires se tira mucha parte. Con todas estas ventajas no se ven sino campañas desiertas, caballadas y vacadas numerosísimas, a veces como ejércitos, bandadas de avestruces, que de cinco a seis en seis corren con sus alzados cuellos por las inmensas llanadas. Los ranchos son como una isla en vasto mar, y ya se vio de cuán poca consecuencia sean las poblaciones, las necesidades del hombre no sólo se reducen a la del alimento. La del vestido igualmente le urge, y aún cuando ésta lo satisfaga aquí fácilmente, pues ya vimos que un calzón de triple dura muchos años al guazo y al hombre de campo, y se añade que las botas y otros arreos les dan las pieles de las yeguas, que sacan como un guante de su pie y lo aplican para "botines" en los suyos. Hay con todo, para que el hombre se multiplique, necesidad absoluta de una vida moral y arreglada. No es el hombre uno de aquellos animales en quién todas sus acciones se dirigen exclusivamente a la multiplicación. Se gratifica demasiado las pasiones que conducen a ella, debilitan sus órganos y no se consigue el fin de la naturaleza. Unos placeres rapturosos, una vida vaga, no fijan al hombre con una compañera. Ni toma apego ni al terreno, ni al hogar. Emplea su vida en la corrupción del débil y amable sexo, cuyos vicios crecen con los de los hombres, que las seducen y que por tanto aborrecen una fecundidad que las embaraza, aunque en estos países la delicadeza y el punto de que dirán, no ha introducido la horrosa práctica del aborto, y las mujeres, obedeciendo a las sagradas leyes de la naturaleza aunque sean solteras, crían sus hijos, sin que las molesten, con toda falta de un padre de familia, de un hombre a quién la ley exige para que los sostenga, que cuide de la prole; hacen que consideren su estado como una desgracia, se abstienen de otro nuevo fruto. Su prole desamparada queda sin un establecimiento y solo constituirá un nuevo y estéril individuo. Oh, santas leyes o religión, cuán necesaria es tu práctica, no solo para la vida futura, sino para la presente.

Mientras la agricultura no eche raíces en ésta feroz región, sus habitantes no se fijen en el suelo que cultivan, gusten de comer hortalizas, y no se cansen del monótono y uniforme alimento de su carne, tendrá grandes obstáculos la población. Y no se arreglarán sus costumbres a una vida civil y religiosa.

Finalmente, siguiendo la serie de poblaciones al Oeste de Montevideo y río arriba de la Plata, se encuentra la que llaman Colonia del Sacramento, en una punta frontera a las islas de San Gabriel. Los portugueses ocuparon furtivamente el sitio en tiempo del Regente de Portugal, el Infante Don Pedro. El Gobernador de Buenos Aires los desalojó con algunas tropas españolas y tres mil indios Guaraníes, entre infantes y caballos, que bajaron de las misiones jesuíticas. Se tomó la plaza ya correspondientemente fortificada por los portugueses, con pérdida de doscientos de los sitiados y de los sitiadores con la de seis españoles y treinta indios y además de otros varios heridos, por el valor con que se expusieron . Los portugueses entablaron después una negociación, pidieron un lugar de asilo en el Río de la Plata, para refugiarse en caso de temporales o de piratas, y se les concedió ésta Colonia, sin atender a las consecuencias; pero con las condiciones que la propiedad del puerto fuese sola de la corona de Castilla, que solo se permitiesen catorce familias portuguesas, que las casas fuesen de madera, cubiertas de paja, y que no se construyese fuerte alguno, y que los gobernadores de Buenos Aires pudiesen evitar el establecimiento, como también los navios que ahí llegasen, y que Portugal restituyese trescientos mil indios que los paulistas habían robado de las tierras del Rey católico. Pero los portugueses solo verificaron el establecimiento que deseaban y en el año de 1701, siendo el Rey de Portugal garante del testamento de Carlos II, se suavizaron las anteriores condiciones.

En 1704, durante la Guerra de Sucesión, se desalojó nuevamente a los portugueses con los mismos auxiliares guaraníes. Los lusitanos la abandonaron huyendo en cuatro navíos que a su socorro vinieron. Pero se les volvió a ceder en 1715 por las paces de Utrecht.

En 1762 la tomó nuevamente el gobernador don Pedro de Cevallos y la defendió contra el socorro que los ingleses le enviaban. Volvióse nuevamente a Portugal y establecióse una especie de línea o trinchera, que llaman el Real de San Carlos; desde donde se observaba la plaza, y se estorbaba el considerable contrabando que se hacía. Hoy solo se ven las ruinas de éste Real, pues el mismo don Pedro de Cevallos, primer Virrey de Buenos Aires, la tomó en la última guerra con Portugal y desde entonces acá, demolidas sus fortificaciones, quedó por España. Era esta plaza tan inmediata a Buenos Aires, de donde sólo dista diez leguas, un Almacén de Contrabandos. Se introducían géneros, no solo de las Provincias inmediatas, sino a otras muy inferiores. En Portugal calculaban algunos que hacía entrar nueve millones en dinero efectivo. Por ella salían cuantiosos caudales, tanto para emplearlos en europa, como para pretensiones de particulares que de Lisboa pasaban a Madrid. Finalmente padecía un grave perjuicio el real erario y muy considerable el comercio de la nación, siendo solo algunos particulares los que se enriquecían.

En el sitio de la Colonia forma el Río de la Plata una herradura, una especie de Gneis compuesto de bandas o vetas blancas y cenizas, untuoso al tacto y que centellea al eslabón, compone las rocas que bordan las orillas de éste Río. Se hallan en este paraje, a menos bosques de melocotones, que aunque sin cultivo, producen agradable y sazonada fruta. La población está medio arruinada; sus calles se componen en el día de pocas casas de piedra y muchos solares llenos de hierba; de murallones desmantelados; se presentan todavía ruinas y escombros, el campanario y torres como esqueleto de la que fue Iglesia Matriz. Nos parecía que ésta ciudad pagaba la pena de la ambición portuguesa. En el día se halla pobre y atrasada. Su vecindario es reducido, los pocos edificios que en ella existen son los que quedaron cuando se concluía su demolición, y que escaparon por la contraorden que vino de que se suspendieran. Después acá se repobló algo y el Rey puso a costa de su erario algunos colonos.

Su puerto sirve en el día de escala para el correo; una sumaca mantiene la comunicación por agua con el Sacramento y Buenos Aires y los pasajeros que vienen por tierra de Montevideo, se embarcan en éste puerto para el de Buenos Aires. El Comandante de la tropa, que suele ser un oficial de graduación del Regimiento Fijo de Dragones, manda también la plaza.

A poca distancia de la Colonia está la isla de San Gabriel; aquí tenían los portugueses sus casas de placer, aquí poseían huertas con varias especies de frutales y flores que recreaban la vista y el olfato; hoy día sus frutales se volvieron silvestres. Las plantas europeas que allí plantaron se confunden con las espontáneas, que, como propia, se producen con más abundancia. Los rudos "cactus", muchas plantas espinosas , matas y arbustos de muchas especies, confunden a la granadillas, duraznos, nogales, almendros, rosales, alelíes y otras plantas que adornan los jardines; existen las vallas de sus jardines y los cimientos de sus edificios, corrales, estanques, etc. Sin embargo, el sitio es agradable. Las islas parece que nacen de entre las ondas como otras que divisan en el confluente del Paraná. Y entre sus amenos bosques se esconden muchos pajarillos que recrean la vista con sus colores y el oído con su canto.

Museo Naval, Madrid, Libro 122, Documento Nº13.