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RELACION DEL VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO POR DON Antonio Pineda Y.R., A BORDO DE LA CORBETA DE S. M. "LA DESCUBIERTA", EN CONSERVA DE LA "ATREVIDA", EXTRACTADO DE SU DIARIO, APUNTAMIENTO Y RELACIONES. .........................................................................................................................................................................  

Este inmenso río puede compararse a un mar o golfo, hace horizonte, y su boca se cuenta desde el Cabo de San Antonio hasta el de Santa María; será su anchura de 40 leguas.

A las 51/2 se vio clara y distinta la Isla de Lobos; es un islote compuesto de peladas rocas, sólo se le veían algunos manchones con arbustos; la roca que por analogía de la piedra que se vio en Montevideo se supondrá de granito, se componía de grandes lajas verticales que se articulaban con hendiduras trasversales: su color era también de la materia que se pegaba todos éstos días al sebo del escandallo.

Arena negra y partecillas micouceas negras aplanadas con superficie áspera, salían partecillas cuantiosas.

Esta isla es patria de muchos lobos marinos que en ella se albergan y de muchas gaviotas, zaramagullones, etc.

La piel del Lobo Marino podría ser un articulo de comercio, sirven para bolsas de tabaco, para forros y otros usos y su grasa suple por la espelma de ballena; se hallan en la más de las islas de cientos.

Se nos vino a bordo un pequeño pajarito, una "Fulica" y una "Garcita" baya.

Más adelante se nos presentaba la orilla Norte del Río de la Plata, sus tierras adyacentes bajas, cubiertas de vegetales, y a cierta distancia, cadenas de montes y colinas.

Se dio fondo en él y se puede decir que ya adentro del puerto se tuvo más peligro que en todo el viaje; se experimentó un tiempo duro, garró el ancla y se halló por necesario el que se picara; al otro día se hallaron las aguas del río alborotadas, amarillosas...

Emparejamos con la Isla de Flores: se compone de morros alomados y de rocas foliosas, como la que precede; en su pie se halla mucha peñoleria, donde revienta la mar; ésta isla pudiera llamarse "de los pájaros", según las multitudes de ellos que contiene.Descubrióse el Cerro de Montevideo y la Punta de Carretas; se presentaba la población, sus casas de un alto, y sus alrededores llenos de casas cubiertas de pajas, de corrales y ganado, Los corrales se forman con estacas y se revisten de cuero. Tiene una fortificación de cuatro Baluartes o Castillos, o Ciudadela al ste de la ciudad, en un paraje elevado, de maneraque la domina. La ciudad se sitúa en una lengua de tierra que sale al Oeste cosa de una milla, está cercada de una muralla regular con 8 Baluartes; su circunferencia se baña por el mar excepto por el Este y se halla cercada de peñascos donde las olas se estrellan con las murallas viejas no muy bien conservadas, y el foso llenos de mucha hierba, de manera que no parece al autor de estas memorias que sea Plaza de mucha confianza por las pocas dimensiones de sus fosos y los barrancos y desigualdades de las cercanías, que no se descubren bien desde la Plaza.

Una batería a barbeta que se halla enmascarada a la orilla del Río, parece que en la parte mas occidental de la lengua de tierra en que se sitúa la Ciudad, proporciona más sólida defensa contra las embarcaciones que al Puerto se acerquen en tiempo de paz, tienen montados sus cañones, sus explanadas, y demás pertrechos se guardan en el Parque de Artillería y se tienen prontos para ponerlos en Batalla siempre que la ocasión lo exigiera. El Capitán de Fragata Liniers tenía la idea de adoptar para la defensa del Río de la Plata un número de lanchas cañoneras, que bajo los fuegos de la Plaza hiciese la más vigorosa oposición contra cualquier enemigo. Cuanto se pueda esperar de estas maquinaciones lo acreditan los sucesos de ellas en Gibraltar, Argel, y últimamente en el Mar Negro y en el Báltico. Estos habitantes son muy diestros jinetes y prácticos en el terreno; ¿quién dudará que formen un respetable Cuerpo de Caballería contra cualquier invasión?

DESCRIPCIÓN DE MONTEVIDEO

Se construyó esta Plaza en 1724; fue su primer Gobernador y Poblador Don Joaquín Viana: se emplearon los brazos de los indios Tapes.

Por los años de 1776, según las noticias de Don Cosme Bueno, tendría mil familias de población. Pero por las mas recientes que hemos adquirido, es en el día mucho mas considerable de población que luego se dirá.

Esta ciudad se sitúa en la parte Norte del Río de la Plata; tiene su Jurisdicción cuarenta leguas Norte a Sur y cuarenta de Este a Oeste, y su población se decía ser de veinte mil almas en toda ella. Pero según noticias del Padrón circunstanciado hecho en los últimos años en 1781, parece consta la Jurisdicción de, 8973 españoles, 586 indios, 711 mulatos libres, 358 negros, 1760 esclavos, total 12382, en cuyo número se incluye la población de Montevideo, cuya enumeración es como sigue: 4405 españoles, 350 indios, 623 negros y mulatos libres, 1088 esclavos.

Tiene esta Ciudad un Gobernador Militar, un Destacamento de Dragones, Compañías de Infantería, algunos Artilleros, una Fragata de Guerra y algunas pequeñas embarcaciones de Armadilla, sus Oficiales Reales y Administrador de Aduana, con correspondientes Guardas del Registro, un Curato con una Iglesia de no buena arquitectura y un hospicio de Franciscanos, cuya Iglesia es también de pobre fábrica; las casas de la ciudad son de un alto de mampostería, las calles mal empedradas, muchos solares, poca limpieza y curiosidad en el tiempo de lluvias se transitan con trabajo: hacia la marina hay muchos albañales y estercoleros donde se crían muchas y grandes ratas que infestan las embarcaciones: en los arrabales no se ven sino mataderos y carnicerías, toros que huyen de los jinetes que los desgarretan, toros que mueren y hombres ensangrentados que con la mayor agilidad los desuellan y extienden las pieles con estaquillas, las clavan en el suelo y así las preparan para que las embarquen los Catalanes, que hacen el principal comercio; muchos propietarios hacen venir su ganado a las inmediaciones de la plaza, se ahorran así el transporte de los cueros, por lo cuál se ven tan repetidas matanzas. Los alrededores de Montevideo sólo respiran el desagradable olor alcalino de las carnes; la vista se ofende con huesarios y despojos de animales sobre los cuáles caen nubes espesas de pájaros voraces, gaviotas, gallinas, caranchos y otros que oscurecen el aire; tantos despojos animales engrasan considerablemente las tierras y se conocen por su negrura o color más oscuro las que fueron antiguos mataderos.

La población de Montevideo crece de día en día con la frecuencia de los correos marítimos y de las embarcaciones catalanas.

Un clima análogo al de muchas provincias de España, la ocasión, el transporte frecuente y la facilidad de vivir, donde los alimentos de primera necesidad están casi de balde, atrae muchos españoles. La mayor parte de  la población está dispersa en los arrabales, las casas, ya apiñadas, ya en grupos, cogen mucha extensión: allí los Guazos, o Mestizos, o Gente del Campo del País, sustraídos a la vigilancia de la Policía viven en ociosa libertad, que parar en libertinaje. Hay en el terreno inmediato algunas Huertas, que no se cultivan con el mayor esmero; algunos Europeos son los que se dedican a la agricultura y es su mayor trabajo destruir las muchas yerbas que el vicio de la tierra produce.

Uno de los parajes más amenos de las inmediaciones de Montevideo, es el Río Miguelete, que descarga sus aguas casi en el centro del Puerto, a más de dos millas de la ciudad, en la parte setentrional, después de haber atravesado huertas y bosques de melocotones, donde hay algunas buenas casas de campo.

El puerto de Montevideo es una ensenada en el Río de la Plata, en forma de herradura u otra que se acerca de tres millas de mayor diámetro; en la punta oriental de su boca se halla la ciudad y en la occidental un cerro elevado en forma de pan de azúcar que le debió dar nombre si se considera la etimología. El braceaje disminuye desde la mera línea de entrada, considerada entre la punta más Sur de dicho cerro y la de San José del pueblo, desde 3 y 1/2 brazas hasta 1. El fondo es unfango o limo muy blando en el cual encallan las embarcaciones sin riesgo en tiempo de pamperos; solo padecerán algo en sus obras vivas los bajeles poco reforzados. Por otra parte la naturaleza del puerto las defiende de los Estes. La peñolería que cerca la lengua de tierra en que está Montevideo y las playas inmediatas, es una especie de granito que se parece al que en Madrid llaman piedra berroqueña.

El cerro al Oeste de Montevideo, tiene la figura de un pan de azúcar, pero su altura es pequeña respecto a su base; ésta única eminencia que la naturaleza puso en estos parajes, es la mejor marca con que se reconoce el Puerto.

Este Cerro está sobre la misma base de granito que compone toda la costa; todos estos granitos tienen textura foliosa, corren sobre estas rocas líneas blancas que forman labores vistosas, que examinadas se componen de espatos blancos huóricos; estas líneas fueron antes rendijas y en ellas se ha depositado el espato que ahora las forma; que parece lo pusieron con la mano, como si labrara un mosaico, son estas piedrecitas de figura próximamente cúbica de dos pulgares de lado.

Este Cerro se compone al menos en parte de pizarra, cuyas canteras están en capas regulares y corren en dirección E.S.E. al O.N.O. y rematan para formar la última porción, vértice o coronamiento en agudos picachos.

Considerados todos éstos y la última porción del Cerro, se podrá considerar como una gran cristalización, pues estas crestas y picachos vistos de cerca se nos presentan como otros tantos grupos de prismas basálticos, unos verticales y otros con diversas inclinaciones; mirados por el Este parecía que estos diversos prismas se elevaran desde la posición horizontal hasta la vertical, sus dimensiones serían desde 1 1/2 hasta 2 1/2 varas de longitud de diámetro, desde 1 hasta 1 1/2 o 2 pies, constaban de cinco lados no iguales y sus vértices eran truncados; su color negruzco se parecía al de la pizarra, pero la aventajaban en dureza y es muy diversa su textura.

Si los basaltos son producto de los fuegos subterráneos, como sientan muchos autores célebres, nuestro Monte sería algún volcán antiguo, cuyos indicios borró el tiempo a término de necesitarse ojos muy linces que los descubran. Sobre ésta materia se expondrán adelante más decisivas opiniones; por otra parte aquí no se encuentran ni lavas ni vidrios volcánicos, ni piedras pómez, etc.

Las tierras de la Jurisdicción de Montevideo, yacen a la orilla Norte del Río de la Plata; se componen de dilatadas llanuras, que no guardando un perfecto nivelamiento, se inclinan unas a otras, y forman senos de donde salen veneros de agua que forman varios arroyos y continuos prados donde se crían los mas pingues pastos.

Los arroyos considerables y los ríos, vienen de las montañas vecinas, todas descargan en la orilla Norte del Río de la Plata, sus cauces son otras tantas alamedas que cruzan ésta uniforme llanura y suministran leña y agua para las poblaciones que en ella se hallan. Las haciendas de los Montevidentes son grandes de esas que se contienen por el frente, por el Río de la Plata, y por el Este y Oeste, por dos ríos colaterales que descargan en él; por el Norte se hallan abiertas, por cuya razón sitúan por aquella parte las casas de los capataces y guardas. Estos andan continuamente a caballo, rondan el ganado y hacen los rodeos correspondientes. Se sorprenden los europmos que por la primera vez ven las inmensas caballadas y vacadas que vagan por éstos llanos, que hacen horizonte en muchas partes. El caballo padre con la crin tendida capitanea la yeguada; el toro se encara al pasajero, a distancia están vacas con muchos y pintados colores, con becerrilos que las acompañan. Al acercarse el pasajero, yeguas, toros, vacas, todos corren, temen que los vayan a enlazar, y ésta insidiosa arma es el terror de los animales.

Entre Montevideo y Maldonado se hallan los Ríos Solís chico, de mosquitos y Solís grande; entre ellos se encuentra también algún arroyuelo de poco nombre. Todos tienen arboledas, aunque de poca magnitud.

En los parajes bajos se encuentran muy pequeños y desfigurados fragmentos de conchas que el mar depositaría en algún tiempo. De dos en dos leguas se ven casas de paja que son lo que en España se llaman cortijos o ranchos de ganaderos; otras habitaciones pertenecen a los puestos de Dragones donde hay pequeños destacamentos para servicio de la Posta y cuidado de la caballada que la mantiene. Estos puestos, según su importancia están a cargo de Cabo, Sargento u Oficial, con correspondiente número de tropa: la que, tan dividida y esparcida, apenas tiene de tal, sino el nombre. Hay destacamentos de dos o tres hombres; rara vez ven su Compañía; cuando estuvimos se hallaban sin vestuario, solo por el bigote se reconocían por Dragones.

Se hallan en éste espacio canteras de granito como el de Montevideo.

Esta materia forma la basa de éste suelo que en parajes se cubre con delgada capa de tierra.

Si se extiende la vista entre Montevideo y la Colonia del Sacramento, se registran los ríos de Santa Lucía, San José, Cufré, Colla, los Padres y el Sauce, que son los mas considerables, vadeables en el verano y aún con poca agua muchos de ellos; en sus orillas tienen asiento las siguientes poblaciones. Las más son modernas hechas por el Rey y por particulares; unas son formales y otras casas esparcidas; a saber, según un estado hecho por la ciudad de San Felipe de Montevideo en 1781. 

Casas Personas
MIGUELETE Y PANTANOSO 420 1430
PIEDRAS y COLORADO 240 854
ARROYO DE LAS BRUJAS 162 647
CANELONES grande, chico y CERRILLOS 88 484
SANTA LUCIA grande 54 252
EL TALA 62 220
SANTA LUCIA chico, PINTADO y LA CRUZ 55 200
ARROYO DE LA VIRGEN 54 252
SAN JOSE, CAGANCHA de una y otra banda 83 378
CARRETA QUEMADA 21 171
CHAMIZO 30 231
ARROYO DE SIERRA Y MERELLES 40 316
SAUCE Y PANDO 37 207
SOLIS grande y chico, VILLA DE MINAS 50 371

Aumentó la población desde el año 1781 hasta el 1787, 2360 personas y se levantaron 529 casas más.

Sigue cada día el aumento por las causas que se dijeron.

En varios de los arroyos que derraman sus aguas en los de Santa Lucía y San José, se encuentran pepitas de oro, y en el paraje que llaman de las Minas (según informaron), las de plomo, plata, oro y cobre; de oro vimos en Montevideo pepitas cogidas en la Jurisdicción; pero estas minas se hallan en abandono por la falta de inteligentes que las trabajen.

La ocupación y comercio de los habitantes de Montevideo, es la cría de ganados caballares y vacunos, en la cuál tienen la naturaleza la mayor parte, pues estos útiles animales se crían en las regiones bonairenses por si mismos sin que el hombre ponga otra diligencia que plantar el hierro al ganado, que parte para su hacienda: la abundancia de los pastos y la vasta extensión de las dehesas promueven la propagación de estos animales en razón de la cantidad de alimentos que encuentran; sin embargo de que hasta aquí matan el ganado sin distinción de edades ni sexo, lo que debe contribuir a la disminución de su número como verdaderamente se verifica: otro cuidado de estos provinciales es rondar las entradas y salidas de las haciendas, las matanzas, etc.; se emplean estos naturales con sacar el sebo; en el día se hacen ensayos para hacer extracción de carne salada, la que preparan muy, muy bien, según el método de Irlanda.

Hacen del cuero de la vaca cuantos utensilios y muebles se necesitan para la vida humana; como el cuero humedecido es una lámina flexible que recibe cualquier forma y que ésta la retiene cuando se seca, éstas gentes la aprovechan a maravilla; hacen cofres, petacas que conocen bien en España, jaulas para cotorras, botas, cuerdas de toda especie y sobre todo, graneros en que guardan trigo y otras semillas. Esta manufactura merece particular descripción.

Sacan la piel de la vaca mediante una incisión en la región del vientre y ano, con tanta perfección que en rellenándola de cualquier materia, parece de lejos que la revive; éstas singulares trojes o arcas las llenan de semillas y dicen que se conservan muy bien.

Los cueros tienen el valor de diez reales de plata, dentro de la hacienda y concurren gran número de embarcaciones catalanas para su extracción; las astas tomaron valor de pocos años a esta parte y valen un real.

Los caballos prestan no menos útiles servicios; sin ellos no se manejarían unas haciendas tan dilatadas y desiertas. Los Montevideanos se acostumbran tanto a su servicio, que ni pobres, ni aún esclavos andan a pie; se ve pedir limosna a caballo y picar los bueyes que arrastran una carreta.

Regularmente caminan a trote vivo o a gran galope; los caballos sufren las fatigas a un grado increíble, si no se viera. Los que nos dieron para nuestra excursión, estuvieron un día sin comer y después corrieron dos y tres postas seguidas y guardan después igual ayuno, si no los sueltan a los pastos; aguantan igualmente la sed; se dejan con la rienda caída y permanecen como postes; tienen generalmente buena conformación y solo ceden a los buenos caballos de Andalucía y de Chile, sin que degeneren de la excelente raza de que provienen; se ven también caballos enteros que conservan cuantas ventajas se desean en una buena estampa.

No sólo aguantan tan prodigiosa abstinencia, sino  que hacen las más extraordinarias diligencias de velocidad; según cuentan en aquella tierra es común andar el propio caballo treinta o cuarenta leguas en un día. El bajo precio en que se venden éstos nobles brutos, la mejor conquista del hombre, hace que los expongan a las rudas y extraordinarias pruebas; se vende, a escoger, el mejor caballo, por un peso, si está cerril. Pero los caballos enseñados a buen paso, se venden respectivamente con estimación. Una yegua paridera vale dos reales de plata.

De las costumbres de los montevidenses no podemos dejar de alabar la generosidad, hospitalidad, buena índole, que caracteriza a sus habitadores.

La clase noble y acomodada, unos viven en sus chácaras, en que cultivan por medio de sus esclavos el trigo y otras varias semillas de Europa; aquel suele dar ciento por uno y aseguran que en el dejado de los rastrojos, suple por una nueva siembra y se coge nueva cosecha en el año venidero. Es de la mejor calidad y si tuviera extracción constituiría un nuevo y extenso ramo de comercio y se remediría muchos años las necesidades de la metrópoli. Hay tierras inmensas de pan llevar de la mejor calidad. Pero está la navegación ahora en su infancia para que se adopten especulaciones que piden unos transportes baratos. Se dedican también a la cría de sus ganados al comercio de cueros. Gustan mucho de andar a caballo hombres y mujeres; beben mate a todas horas; hablan con cierta languidez mayor que en otras partes; se resienten de la falta de trato que produce cierto encogimiento. Las poblaciones grandes se hallan a mucha distancia; por lo demás son de buena disposición, tanto de potencias como de cuerpo; los sucesivos aumentos que debe esperar en su comercio, la hermosearán en su planta natural, mejorarán su policía y los habitantes adquirirán progresivos grados de ilustración. La gente plebeya a quiénes la educación no restringe las pasiones, y la civilidad no enseña aquellas fórmulas de saludos y palabras que llaman de buena crianza, a veces, mentiras permitidas; vive con cierta independencia y franqueza, que les permite la facilidad de los alimentos y la naturaleza del país que habitan. La siguiente viva pintura que me franqueó un europeo, excelente observador, no desagradará a mis lectores: 

DESCRIPCIÓN DE LO QUE LLAMAN UN GUAZO U HOMBRE DE CAMPO

Un caballo, un lazo, unas bolas, una carona, un lomillo, un pellón hecho de un pellejo de carnero, es todo su auar de campo.

Una bota de medio pie, unas espuelas de latón del peso de dos o tres libras, que llaman nazarenas; un calzoncillo con fleco suelto, un calzón de triple azul o colorado, abierto hasta más arriba de medio muslo, que debe lucir el calzoncillo, de cuya cinta está preso el cuchillo flamenco; un armador, una chaqueta, un sombrero redondo de ala muy corta, con su barbiquejo, un pañuelo de seda de color y un poncho ordinario; es la gala del más galán de los gauchos.

Su vida siempre monótona se reduce a salir al campo, siempre a caballo, y correrlo de rancho en rancho, sin cuidar jamás de su manutención, seguro de encontrarla en la primera parte dónde se apee; pues cualquiera recibe con hospitalidad franca, sin el empeño de tener siquiera que agradecerla, porque siempre están surtidos los ranchos de charque, que es una carne secada al sol, y cortada en delgadas tiras, que se asa en cuatro minutos sin otro condimento que un poco de ají, ni otro pan que el jugo de la gordura que produce el mismo charque. Ese es el alimento que más usan.

No será superflua la exposición del diálogo que acostumbran para presentarse al rancho más desconocido.

"Dios lo guarde amigo" (pronunciado con mucha lentitud)

"Y a usted lo mismo".

"Apeése si gusta". 

"No hay para qué".

"Vaya no sea zonzo".

"Valdréme de su(favor".

"Deje ahí el caballo y nomás. Deo gracias". (Ahora va entrando)

"Caballeros...".

"Sientese ahí nomás".

"¿Habrá un fueguito?".

"Alcáncelo por su vida, que ahí está a la vuelta".

Con estas palabras, que se pueden tomar como formulario, se sientan a comer en una banqueta de la figura de un asiento de zapatero, donde la hay, o sobre una calavera de vaca; se fija el asador en el suelo, que es lo más común, y puesto en rueda alrededor del asado, cada uno le tira tajos a su lado hasta que concluyen con él, sin otra bebida que el agua. Si es verano se van detrás del rancho a la sombra y se tumban, si es invierno juegan o cantan unas raras seguidillas que llaman de "cadena", o el "pericón", o el "mal ambo", acompañándolo con una desacordada guitarrilla que siempre es un triple. El talento del cantor es uno de los más seguros para ser más bien recibido en cualquier parte y tener comida y hospedaje.

Una hora antes de ponerse el sol se despiden de ésta suerte:

"Quede con Dios amigo". 

"Vaya con Dios".

Y se va a la primer llanura, desensilla el caballo, lo monta en pelo y le da cinco o seis carreras, en pelo, que a esto llaman varearlo. Vuelven a ensillarle. Y se van a otro rancho, donde les hacen el mismo hospedaje. Adereza su cama con el pellón por colchón , el lomillo por cabecera y el poncho por manta  y sábana; si en aquellos días ha carneado algunas reses y ha granjeado por peonaje algunos reales, muda de estelo y rumbo y se va a emplearlos en aguardiente en la más inmediata pulpería, de donde no sale hasta haber acabado con su caudal; y vuelta a empezar.

Sus pasiones favoritas son el juego de cualquiera especie que sea, carreras de caballo, corrida de pato, naipes, bochas y mujeres.

La corrida de pato merece una descripción particular: consiste en que se junta una cuadrilla de estos Guazos, que son todos jinetes más allá de lo creíble; uno de ellos lleva un cuero con muchas argollas y el brazo levantado; parte como un rayo, llevando ciento cincuenta varas de ventaja y a una señal , todos corren a mata caballo, formando grita como los "moros". Todos persiguen al Pato y pugnan por quitarle la presa; son diestrísimas las evoluciones que éste hace para que no lo logren, ya, siguiendo una carrera recta y volviendo a la izquierda, a la derecha, ya rompiendo por medio de los que lo siguen, hasta que alguno, o más diestro, o más feliz, lo despoja del pato, para lo que no es permitido que le cojan el brazo; en éste feliz momento todos lo vitorean y le llevan entre los aplausos, alaridos y zambra, al rancho suyo, al que frecuenta, o bien al de la dama que pretende; reina todavía entre éstas gentes muchos restos de la antigua gallardía española. Nuestro venturoso jinete presenta a su dama la presa: ella le convida a mate y suele a veces premiar el valor con los mayores favores.

Los sucesos de una corrida de patos dan materia para mucha conversación. Puestos en cuclillas (postura que guardan horas enteras), cuentan con más viveza que acostumbrán, los diversos lances de la fiesta.

La sencillez de éstas gentes trasciende en medio de sus pasiones y vicios, y es singular el modo con que se enamoran; si ven a una china, mulata u otra mujer que le guste, pasan por junto a ella y quitándose el sombrero hacia atrás, por encima de la cabeza ( o por costumbre, o por no espantar el caballo alargando la mano, es de suponer que siempre andan a caballo), le dicen "que linda habrá sido" ( lo mismo "que linda es") y ella sólo responde "oz" [oh] y tira adelante, y así repiten éste manejo hasta que la dama se para y le permite más claras explicaciones.

No pocas veces paran éstos preludios en los desórdenes nocturnos que llaman "gateo", ya por condescendencia y muchas veces por sorpresa y timidez natural en el bello sexo.

Muchos de éstos Guazos o Gauderios libertinos violan el derecho de hospitalidad que tan francamente se les dispensa. Como todos duermen en la misma casa, pues la estrechez de las habitaciones no permite las separaciones que pide el buen orden y decencia: cuándo todos duermen, salen a gatas y con el mayor silencio asaltan el lecho de las mujeres que apetecen.

Las que si no están de acuerdo sufren la violencia de su honestidad por evitar unos escándalos que violentas y exponen su crédito, y usan de la defensa que permite la sorpresa y la confusión.

No poco desorden reina en las costumbres de la clase pobre de nuestras Américas, por la de dormir juntas las personas de ambos sexos en la misma habitación, y lo mismo sucederá en cualquier otra parte que no se precaucionen.

No pocas veces estos ladrones de la honestidad son sentidos por su poca destreza y aún las mismas que están de acuerdo, son las primeras que le arañan y todos lo burlan y denuestan.

Otras veces se ven nuestros Gauderios en compañía de cuatro o cinco de ellos, y se convidan a comer la "picana" de una vaca o novillo, le enlazan, derriban, y bien trincado de pies y manos, le sacan casi vivo toda la rabadilla; le hacen algunas rajaduras hacia el lado de la carne, la medio asan y la comen con sal, si por casualidad la llevan. Otras, matan una vaca para comer el "matambre", que es la carne entre las costillas y el pellejo; otras se le antojan caracúes, que son las canillas y huesos que tienen médula: los sacan , descarnan bien, y ponen punta arriba sobre las brasas, hasta que hierva dentro de la caña, y entonces un palito sirve para que saquen y se alimenten de aquella sabrosa sustancia.

También estos carnívoros sibaritas hacen de las vacas un guisado que merece particular descripción: la abren por el vientre, le sacan intestinos, entrañas, etc., juntan toda la gordura en el centro de la cavidad, pegan fuego a aquellas materias grasas y se forma una gran luminaria; unen las canales de la res y el fuego cerrado respira por boca y orificio; al cabo de algunas horas la carne se halla suficientemente asada, y estos hombres cortan la parte que les place y aún llevan a sus casas y la sazonan con ají, que es su ordinario condimento.

En las casas de estas gentes no se ven otros muebles que charque, una cama, un fogón, asientos como banquillos de zapatero o calaveras de vacas, un cuarto de carne colgado, algún mueble, los aderezos del caballo y apenas algún otro mueble.

Museo Naval, Madrid, Libro 122, Documento Nº13.